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¿Cómo encontrar a tu media naranja sin terminar exprimida?

Tamara Medina Sapovalova

Dos naranjas enteras, una junto a la otra, sobre una mesa de madera
"Necesitas encontrar a tu media naranja."

Como muchas de nosotras, crecí escuchando esta frase. Se refería al amor verdadero, al alma gemela, a esa otra mitad que por fin te iba a llenar y completar.

De joven soñaba con encontrarla pronto, más temprano que tarde. Me preocupaba ser de esas personas que nunca llegan a encontrar a su alma gemela. Pero lo que más me inquietaba era otra cosa: que mi media naranja pasara rodando a mi lado y yo no me diera cuenta. Así que me dediqué a buscar al amor de mi vida sin darme cuenta de que la idea tenía un error de base. Si yo era la mitad de algo, entonces sola estaba incompleta.

Esa idea tiene un costo, y lo he visto en mi propia vida y en la de muchas amigas y conocidas. Una pareja empieza con la ilusión de convertirse en uno solo. Se comparte todo, se decide todo junto, y los planes de cada quien se vuelven "nuestros planes". Poco a poco, casi sin notarlo, cada uno va dejando atrás las cualidades que lo hacían único. Lo curioso es que esas mismas cualidades fueron las que provocaron la atracción al principio.

Yo lo entendí gracias a unos diarios que escribí cuando tenía 18 años. Al leerlos, años después, me hice preguntas que no esperaba: ¿a dónde se fue esta joven llena de pasión por la vida? ¿Qué pasó con todos estos sueños? ¿A dónde se fue ese deseo de aventura?

En esas páginas estaban mis viajes, mis pensamientos, mis ideas, mis amores y mis sueños de todo lo que quería para mi vida. Y mucho de eso ya no formaba parte de ella.

Esas preguntas me llevaron de regreso. Pude ver cómo era antes de mi matrimonio y cómo, poco a poco, me fui convirtiendo en otra persona, en alguien que ya no reconocía. Me di cuenta de que durante mi matrimonio perdí una parte muy importante de quien era yo. Nadie me la quitó de golpe. La fui soltando un pedazo a la vez, convencida de que eso era amar.

Hoy pienso distinto. No necesitamos una media naranja que nos llene. Lo primero es ser una naranja completa, con nuestra vida, nuestros sueños y nuestros intereses. Y desde ahí, tenemos derecho a encontrar a otra naranja completa. Dos naranjas enteras pueden rodar una al lado de la otra y compartir la vida sin tener que convertirse en una sola. Porque mientras más intentas que dos se vuelvan UNO, más te arriesgas a exprimir la mejor parte de ti.

Cómo saber si te estás exprimiendo

Desde adentro no siempre se ve. Estas son algunas señales que yo no supe leer a tiempo.

Ya no recuerdas la última vez que hiciste algo solo porque te gustaba a ti. Cuando te preguntan qué quieres hacer, tu respuesta casi siempre es "lo que tú quieras". Tus amistades se fueron reduciendo hasta ser solo las amistades de la pareja. Y cuando alguien te pregunta por tus planes, hablas en plural sin pensarlo.

Ninguna de estas cosas es grave por sí sola. El problema es cuando se juntan y se quedan.

Qué proteger para seguir siendo tú

No se trata de amar menos. Se trata de no desaparecer mientras amas. A mí me ha servido cuidar tres cosas.

Un espacio propio. Algo que sea solo tuyo: un rato a la semana, una actividad, un proyecto. No tiene que ser grande, tiene que ser tuyo.

Tus propias amistades. Gente que te conoce desde antes o por fuera de tu relación, y que te recuerda quién eres cuando se te olvida.

Tu voz en las decisiones. Decir lo que quieres, aunque al final lleguen a un acuerdo. Ceder está bien. Borrarte, no.

Y una pregunta que vale la pena hacerse de vez en cuando, la misma que me hicieron mis diarios: si la persona que eras hace diez años te viera hoy, ¿se reconocería? No es para volver atrás. Es para saber qué partes de ti quieres rescatar.

Si estás buscando pareja, o si ya estás en una relación y algo de esto te sonó conocido, no necesitas tenerlo todo resuelto. El reto no es encontrar a la persona que te complete. Es no perderte mientras compartes tu vida con alguien. Esa parte no se resuelve una vez y para siempre, se cuida todos los días.

Tamara Medina

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué parte de ti has ido soltando poco a poco, convencida de que eso era amar?
  2. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo porque te gustaba a ti?
  3. Si la persona que eras hace diez años te viera hoy, ¿qué partes de ti querría que rescataras?
  4. ¿Qué espacio, amistad o decisión quieres proteger esta semana para seguir siendo tú?
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